jueves, 19 de marzo de 2009

Idiomas

IDIOMAS:
Según el Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares del 2007, "la lengua catalana, propia de las Illes Balears, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial".[2] Los aspectos más destacados del catalán de Mallorca, mallorquín, son la neutralización de a y e en [ə], y el empleo artículo salado (es, sa, ses) en lugar de el, la, els y les.


HISTORIA:
Los restos más primitivos encontrados en Mallorca datan del 3500 a. C. en la época del neolítico, período de transición entre la edad de bronce, donde los primeros objetos de cobre hacen aparición. Los primeros pobladores conocidos de las islas, (aunque de dudosa procedencia), fueron los honderos baleáricos.[3]
En el término municipal de Calviá, concretamente en la localidad de Santa Ponsa, se encuentra una pequeña elevación montañosa llamada Puig de sa Morisca consistente en un parque arqueológico con restos de navetas y cuevas sepulcrales que abarca una extensión de 35 hectáreas.
Hacia el 1300 a. C. Mallorca vive cambios cruciales que dan como resultado el surgimiento de la cultura talayótica, una cultura guerrera que perduraría más allá de que Quinto Cecilio Metelo (que recibiría más tarde el sobrenombre de Balearicus), conquistara la isla para la república

romana en el año 123 a. C.. Debido a las frecuentes incursiones piratas con base en las islas, Roma decidió apoderarse del archipiélago. Cuenta la leyenda que el general romano tuvo que proteger sus embarcaciones con pieles de animales, porque los honderos disparando con sus hondas les impedían desembarcar. Las legiones romanas tardaron dos largos años en someter a las islas. Tras la conquista, los honderos pasaron a formar parte de las tropas auxiliares romanas combatiendo de manera destacada junto a Julio César en la conquista de la Galia (las corazas defensivas no resultaban muy efectivas contra los proyectiles de los honderos).
En el año 425 la isla vivió la invasión y el saqueo de los vándalos, pueblo germánico que se asentó en la isla hasta el año 534, cuando el general bizantino Belisario ordenó conquistar el archipiélago balear.
En el 707 tuvo lugar el primer desembarco musulmán del que se tiene constancia. Siguieron dos siglos de zozobra permanente hasta que a partir del año 903 Mallorca quedó en poder de la dinastía musulmana de los Omeyas. El castillo de Alaró fue, según cuentan las crónicas, el último refugio de la resistencia musulmana en la conquista cristiana. Lo que vino a continuación fue una etapa floreciente, que tuvo a Madina Mayurqa, la PalmA actual, como lugar de gran irradiación cultural.
En 1115 una escuadra pisano-catalana ataca la isla en una expedición de castigo en represalia por las actividades piratas que se realizaban desde la isla. Saqueada y destruida por primera vez Medina Mayurqa, y en ausencia de Ramón Berenguer III, la escuadra pisana huyó a la vista de la escuadra almorávide enviada desde África. La isla queda en manos de una familia almorávide, los Banu Ganiya, que fomentaron la piratería contra las naves cristianas. Posteriormente, en 1203, los almohades se apoderaron de Mallorca. En 1208, los almohades designan gobernador a Abú Yahya, el cual forma un principado semi-independiente, con apenas una sumisión formal al emir almohade.
La isla fue conquistada definitivamente para los cristianos por las tropas catalanas y aragonesas de Jaime I el Conquistador el cual arriba a la isla en 1229. Tras derrotar definitivamente a Abú Yahya en la batalla de Portopi (1229) y tomar y pasar a cuchillo Medina Mayurka (1230), la resistencia cesa en 1231. Los pobladores musulmanes huyen a África o son esclavizados, en tanto que la isla es repoblada con catalanes principalmente del Rosellón.
En su testamento, Jaime crea el reino de Mallorca, vasallo del rey de Aragón comprendiendo no sólo Mallorca, sino el resto de Islas Baleares —Menorca (todavía bajo el poder de un soberano musulmán aunque tributaria desde 1231), Ibiza y Formentera—, los condados del Rosellón y la Cerdaña y los territorios que el Conquistador conservaba en Occitania (el señorío de Montpellier, el vizcondado de Carlades y la baronía de Omelas). A su muerte (1276), su hijo Jaime toma el nombre de Jaime II de Mallorca y asume el trono tras la jura de la denominada Carta de las Franquicias. La independencia del reino no fue muy larga. En 1349 fue reincorporado a la Corona de Aragón. La muerte del rey Jaime III de Mallorca en la batalla de Llucmajor fue el final del Reino de Mallorca. Aunque hasta su muerte en 1404 su hija Isabel, establecida en el castillo de Gallargues cercano de Montpellier, que le fue concedido por el rey de Francia Carlos VI, se proclamaba Reina de Mallorca.
En tiempos de Carlos I, en 1521, su produjo una sublevación similar a la de las germanías del reino de Valencia (insurrección de los forans), llegando los sublevados a cercar la localidad de Alcudia, donde se había refugiado la nobleza de la isla. A lo largo del siglo XVI, la isla, como el resto de las Baleares y del Levante español, sufrió los ataques y devastaciones de los piratas turcos y berberiscos. Durante la Guerra de Sucesión española, la isla se decantó por el Archiduque Carlos de Austria, en contra de Felipe de Anjou.

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